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upongo que el exceso de café y los generosos tragos, los vinos, unos cuantos ratos malos, y mucho cigarro mezclado con todo lo anterior han detonado una gastritis incendiaria que hace que mi esófago arda hasta con el más breve sorbo de agua, el estómago se me revuelve y siento fuego entre dolor y ardores raros.
Fui al gastroenterólogo y me dijo que su diagnóstico inicial era ulcera y que lo más probable es que el helicobacter pylori fuera el responsable. Una bacteria que afecta el mucus del epitelio estomacal y que se puede adquirir en la micro, la calle, un beso, un vaso, un dedo. Para confirmar el diagnóstico me pidió una serie de exámenes: sangre, ecotomografía abdominal y la famosa endoscopía digestiva alta con biopsia. La verdad es que cada día que pasaba las molestias iban en aumento, y yo que en general tengo un genio y talante bastante liviano y bueno, estaba empezando a parecer ogro, y de los peores.
Junto a las celebraciones patrias, así como que no quiere la cosa, nos juntamos el 19 con la Pao en su casa. Nos comimos unas empanadas y tomamos un tinto, un Merlot, estaba bueno. Secamos la botella y nos pusimos regalones, hacía tiempo que no nos veíamos. Regaloneamos, cariñoseamos, estuvo rico… al rato me empezó el ardor gigantesco que no se detiene con nada, la Pao me dio unas pastillas Omepra algo que resultaron bastante efectivas por un rato. Me fui temprano a mi departamento, al otro día desperté con un volcán en el estómago y un río imaginario de lava subiendo por el esófago.
Los Exámenes
El lunes temprano me fui a tomar las muestras de sangre y tomé hora para el mismo día a las 4 de la tarde para la endoscopía y el martes en la mañana la ecotomografía.
Me encontraba en la sala de espera de la clínica y vi que las enfermeras que tomaban el examen de sangre eran bastante bonitas, la verdad es que en ese uniforme blanco, traslucido y apretado sus formas y curvas se vuelven mucho más atractivas que lo habitual. Además de ellas, había un tipo, un enfermero medio raro…. mentira. De lejos parecía, y de cerca no quedaba duda… era gay y lo peor es que también tomaba muestras. Obvio, me tocó con él.
-Hay lindo! de que estás enfermo- mientras me apretaba el brazo para sacar la sangre. Le expliqué de que se trataba… - pero un hombre tan joven y tan guapo!!!- me miró con ojos medios libidinosos, se relamió los labios y me dijo- Uy! Yo te haría un tratamiento- no pude atinar, me ardía mucho la guata, la dejé pasar y me fui. A la tarde la endoscopía fue un trámite, nueve mg. De diazepam no fueron suficientes para anestesiarme. Miré por la pantalla mi interior, mis chunchules y claro, mis heridas gástricas que según el médico se encontraban en el duodeno. Del diazepam nunca se supo, jamás me hizo efecto.
Al otro día me fui temprano al examen. Ya en la clínica, me dejaron en una camilla que estaba pegada a un monitor, cables, silencio, soledad. La enfermera me dijo – suéltese los pantalones y bájeselos un poco, la doctora ya viene - el ardor en mi guata era fenomenal, mi pudor se había perdido por el malestar, entonces decidí bajarme los pantalones a mitad de la pierna, pero creí que no era suficiente entonces decidí bajarlos por completo y esperar. De pronto aparece una mujer, la doctora, alta como de un metro setenta y cinco, pelo castaño hasta los hombros. Tez blanca, bastante atractiva, seria, casi inmutable. Se sienta a mi lado y me pregunta por qué estoy ahí, le cuento mis dolencias, me escucha como si fuera un trozo de jamón, invariable, imperturbable. Ningún gesto, ni un atisbo de humanidad.
Me dice – OK, tomaremos unas fotos de tu guatita- y me embetuna el estómago con un gel helado, al rato se encuentra pasando un instrumento parecido a un martillo encima de mi guata. Las imágenes se empiezan a reflejar en el monitor. Yo empiezo a identificar algunos órganos, el hígado, la vesícula, pregunto por algunas imágenes raras y, sigo mirando. De pronto ella se acomoda mejor y pasa su brazo por entre mis piernas. Su antebrazo queda sobre mi calzoncillo y de pronto empieza a mover el brazo lentamente, suavemente pero cargadamente, de un lado a otro. Empiezo a sentir cosas, retiro mi vista del monitor y miro su brazo encima de mi slip, abajo está mi pene y ella lo sabe, absolutamente. Es inevitable el fenómeno. Intento explicarme mentalmente la situación, intento justificar lo que ocurre, es imposible, ella me está tocando… siento vergüenza, igual me gusta, estoy nervioso, me duele la guata, me arde. Ella presiona, empuja, aprieta, revuelve, no sé qué decir o hacer. Me pregunto que es lo que se viene, tiene bonito perfil, me gustan sus labios.
De pronto se para, deja el martillo a un lado, se saca los guantes, me dice que es ulcera, me mira a los ojos, me dice que me vista y que el resultado estará mañana al medio día, se da media vuelta y se va. Plop!!
Me visto, me siento raro, me arde el estomago y el esófago, ella estaba bastante atractiva. Me tocó como quiso, me sintió y se rió. Me duele la guata, maldito helicobacter pylori.














eres justo lo que una...
...necesita en una tarde gris y enigmática como la de hoy. me encanta leerte.
saludos,
franA.