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Entramos de golpe en mi departamento, es la primera vez que traigo a la Paola aquí. En realidad es la primera vez que alguien entra en mi hogar. Nos besamos de manera desbordante, tocándonos y despojándonos de a poco de las ropas, chocamos contra una mesita y tastabillamos hasta caer blandos en el sofá. Violentas caricias nos atropellaban, ella me quita la camisa y la polera, yo me enredo con los botones de su chaleco, luego con los de su blusa. Como locos nos besamos cada espacio de piel desesperadamente. Soy torpe con el broche del sostén, lamo su cuello y mordisqueo sus labios, sigo pegado con el broche, muerdo sus hombros hasta los pechos cubiertos por el encaje blanco y puro que cubre aquellos médanos de miel, maldito broche no puedo!!, pienso en porqué no pondrán un broche de emergencia en el frente justo al medio.
Habíamos ido a la función de media noche en el cine arte. “Boxing Helena” renombrada en español como “Obsesivamente Mía”. Yo la había visto hace tiempo pero me la repetí con gusto, buena trama, buena dirección, buenas escenas y un dialogo brillante sobre todo cuando Helena explica cómo es una mujer y como debe tratarse para que esa “flor se abra”. Salimos del cine y apenas subimos al auto Paola se me abalanza desenfrenada, sin palabras solo deseo. Salimos del estacionamiento cuando la mujer del auto del lado se nos quedó viendo con la boca abierta y diciendo algo que no alcanzamos a entender. Me costó trabajo conducir… pero fue muy placentero…
Botamos unas cuantas cosas en el living, completamente desmesurados y sin control perdimos el sentido por un largo rato… al regresar, jadeantes y sudados, la pintura del rostro corrida, mi pecho empapado y el sonido del viento afuera que golpeaba la lluvia contra el ventanal.
- me gustas mucho- me dice casi apenas – tu también me encantas – le respondo. Sospecho que esto puede transformarse en una conversación que no quiero tener y que puede estropear todo lo que hay, que no es mucho. Salgo del dormitorio a la cocina, de vuelta traigo un par de vasos con bebida. Le paso uno a la Pao y me quedo mirando por la ventana. Desde este piso 13 la vista es fabulosa. - me encanta la lluvia- le digo acercándome a la cama.
- nosotros que somos?- sin anestesia, sin pausa y casi sin respirar me dice – somos amigos con ventaja o pololos o pareja?, en que onda estamos?- pucha!, no me lo esperaba. Me imaginaba que teníamos claro el asunto. Para que ponerle nombre si así estamos bien. Me siento incomodo, presionado…
- somos…….amigos….- sus ojos enormes se endurecieron y se agrandaron más. Los rasgos de su cara se definieron y se acentuaron, oh sorpresa!! –somos amigos, amantes….que estamos compartiéndonos, conociéndonos y disfrutando juntos – pensé que me iba a ladrar a decir por su cara. Sin embargo, con una voz muy dulce me dice – lo que pasa es que estoy sintiendo cosas por ti. Empecé a extrañarte….. me gustaría pensar en algo más serio contigo….
Waaaaaa!!! tengo ganas de salir corriendo, me siento como un gato al que quieren ponerle el collar para luego meterlo en una tina con agua y bañarlo…
- Paolita, haber yo no sé , no estoy….., haber. Tu eres una mujer excepcional, deliciosa encantadora, pero yo estoy un poco torpe aún con mi corazón y no quiero entregarlo todavía. En realidad no puedo - me sentí re maricón, me dolió ser tan honesto pero es la verdad y a estas alturas de la vida he decidido decir la verdad a todo evento, esas mentirillas pocas y “blancas” mas que ayudar solo patean la pelota pa’ delante no más.
- pero y si lo intentamos, si lo intentas conmigo. Yo te podría hacer muy feliz, tu eres un hombre increíble – Uff!! La cosa se pone peor…yo no soy para nada increíble….se está enamorando…
- Paolita yo no puedo responder a lo que me estás ofreciendo, quisiera pero no puedo – de verdad quisiera, por último engancharme un poquito que fuera. Pero no puedo…no puedo!!
La cosa estaba bien como estaba, tal vez si hubiésemos continuado así, sin nombres ni obligaciones enmarcadas, tal vez me habría enamorado. Pero ahora de pronto ha caído un murallón. Peligro, peligro… no te quiero hacer daño. Me siento culpable de su pena porque es innegable su frustración. Su cara ahora está sombría, su risa se ha marchitado y sus brazos y sus ojos parecen cansados, lentos, olvidados.
La dejé en su departamento, el beso de despedida se sintió amargo, desencantado. Me subí al auto incómodo, apagué el celular, encendí un cigarro. Encendí la radio y sonaba “ si tieeenes un hondo penaaar/ piensa en mi….” Metí un disco de AC/DC, no pensar…
Este invierno, esta lluvia. Que cambios en mi vida…















Golpe Bajo...
Te ha dado esta chica, para tu consuelo, tambien hay hombre que se comportan de la misma manera, cuando la otra parte por el momento no tiene nada que ofrecer...