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os bajamos del auto sin un beso, solo miradas intensas y silencios, era como un juego, como una batalla de submarinos bajo el agua, silencios y miradas. Mientras caminábamos hasta la puerta del edificio la abracé por la cintura pero se deshizo de mí antes de pasar por el conserje. En el ascensor la miré (seguro con cara de baboso….mareado), me acerqué de frente y la miré entera. Me aproximé suave, me esquivó su rostro y lo bajó levemente, lentamente revolví sus cabellos con mi cara y mis labios se anidaron cerca de su cuello camuflando un beso leve y suave…se abrieron las puertas y salimos camino a su departamento, abrió la puerta encendió las luces sin decir una palabra. Se despojó de su abrigo y se fue a la cocina a paso lento, pensativa a decir por su mirada, tal vez ansiosa.
¡! No entiendo nada es como si estuviera enojada, ¿pero de qué? Dejo mi chaqueta junto a la suya y me voy a la cocina. Estaba seria, las tazas puestas, el hervidor humeando, levanta la cara y me ve. Me dirijo directo a ella que me mira indefensa, sus ojos se ven más grandes y sus labios más hermosos y húmedos, parecía una visión. Tomé su rostro entre mis manos y la besé en la mejilla, la miré y la besé en la comisura de sus labios, sus ojos estaban húmedos y adormilados, luego en un breve beso furtivo mordí suavemente sus labios. Ella estaba como en shock entregada, casi desvanecida, tan etérea como un ángel incapaz de decir palabras. Su mirada era difícil de catalogar, la abracé apretadamente durante un largo rato, no se movió. Besé sus cabellos y su frente, la miré y me fui.
Que iba a hacer!!, la mina estaba aterrada, me imagino que con un montón de culpas o recuerdos o ambos. Sentí que era como robármela, estar con ella a la mala y mal que mal, a mi me estaba interesando esto pero solo por tirar y me pareció que podía generar daños y como la sentí frágil y desvalida mejor no abusar, aunque me arrepentiré de por vida.
Tomé mi chaqueta y me dirigí a la puerta – espera…. por favor no te vayas – casi fue un gemido, me vuelvo y la veo junto a mí pequeña y desvalida, sus ojos imploraban compañía mientras la soledad anquilosada dibujaba un rictus triste entre sus cejas, se me abalanza y me abraza. La tomo entre mis brazos y la beso, mientras tiro de sus cabellos pienso “esta vez no te perdono”…
Llegué a mi departamento dos
horas antes de que se enciendan todos los dispositivos despertadores: tv,
celular, despertador. Pienso en esta noche y me acuerdo de esta mujer y sus
besos, sus voces y gemidos, su piel y sus formas, su humedad y su entrega, su
olor y su cuerpo. También me acuerdo de García Lorca: “…toqué sus pechos
dormidos, y se me abrieron de pronto
como ramos de jacintos.… sucia de besos…sus muslos se me escapaban como peces
sorprendidos…ni nardas ni caracolas tienen el cutis tan fino… Aquella noche corrí el mejor
de los caminos, montado en potra de nácar sin bridas y sin estribos. No quiero
decir, por hombre, las cosas que ella me dijo…”
Me siento tranquilo, en paz. El guerrero ha conquistado una vez más, la satisfacción de doblegar, de conseguir, de disfrutar y de hacer a mi antojo, soy dios. El éxtasis de conseguir otra presea…pero a pesar de ello algo no anda bien, es extraño pero al besar cada crepúsculo de piel, cada cima y todos sus valles, sentí en sus labios libar angustia y soledad..sería el alcohol y mis rollos, mis propias culpas no lo sé.
Dormí como una hora y preferí ir en metro a la oficina. Tanta gente no me importó tenía tanto sueño, me miro en la ventana y me río al recordar. Poco antes de salir de su departamento me serví el café que quedó a medio hacer la noche pasada en la cocina. Paola apareció medio vestida y despeinada, me abrazó. Su piel se puso de gallina, me besó, su rostro se veía diferente. La tomé en brazos y la llevé a su cama, la cubrí con las sábanas. Le traje café con unas galletas. No hablamos mucho. Antes de salir se abalanzó a mis brazos, me apretó, me besó y me dijo:
-vuelve cuando quieras!!-


...texto, hombre separado que parece que algo has aprendido de la vida...
Saludos,
M.